hachedesilencio
A mi me gustan las partes tristes, grises, agrias y dolorosas. Pienso que la felicidad, el amor y la ternura son las partes más fáciles. Esto a la hora de componer un escrito. Porque las tristes no tienen remedio y se colapsan. Son como un muro que se derrumba, como una pintura que se decolora, como un recuerdo que se borra; y nada puede salvarle.
Las partes tristes, Joseph Kapone  (via hachedesilencio)
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hachedesilencio:

Tienes que saber algo más

antes de acostarte otra vez.

Conmigo.

¿Te acuerdas de la chica tímida

que a penas hablaba,

y no dejaba de mirar al suelo 

por miedo a caerse?

Bien.

Te hizo el amor

antes de conocerte.

Y reconoce que has sido lo mejor que ha pasado

por su cama

y por su mente.

A veces me cuenta como te sorbía la saliva

con el cuentagotas de su lengua,

como te quitaba la mirada para darte la mano

y llevarla al final de su espalda.

Me habla de la manera que tiene de rozarte

sin ni siquiera mirarte,

de cómo te sabe de memoria,

a conciencia.

De noches y noches de estudio continuo

una y otra vez,

sus manos y tu piel.

De cómo te besa las rodillas

y juega con espasmos y la prisa.

(Que es lo único que no le corres).

De tus labios cuando huelen a flor, 

a la más mojada de su jardín de olvido.

Me cuenta de cómo sus yemas

escalan por tus costillas 

mientras desemboca un río de saliva en tu ombligo.

Me dice que hueles a noche,

a libro abierto de piernas,

a coche, a sexo, a roce, cariño y herida.

Me cuenta que te husmea como un perro guardián

deseando que se dé la vuelta el mundo

para comerse

por fin

al rehén:

TU VIDA.

hachedesilencio

Y me dirás adiós sin decir nada. Y yo en ese silencio te escribiré palabras y palabras que nunca sabré si vas a leer. Y me dirás adiós y yo me quedaré aguardando la espera de un “te echo de menos” que no veré llegar. Y miraré tus fotos todos los días como los únicos restos que no me atreveré a borrar. Y yo me cansaré de añorarte y te diré adiós una noche, como quien mira al cielo buscando una estrella que no está. Y tú tal vez entonces, cuando ya sueñes con otra, verás algo que te recuerde a la chica que te escribía sin cesar, y quizá tendrás la certeza de que tu marcha fue buena y eso no te impedirá extrañarme y pensar “qué será de ella, cómo estará”. Y volverás a decirme adiós sin decir nada y a mí, a mí ya no me importará.